MI HISTORIA
«No creo joyas para seguir tendencias. Creo joyas para convertirse en herencias.»
Soy Gaby Flórez, joyera artesana y esta es mi historia.
Antes de convertirme en joyera, ya había una piedra que había cambiado mi manera de mirar las joyas.
Una aguamarina de 23 quilates que mi madre me regaló montada en un colgante. Era preciosa. Cualquiera la habría llevado tal y como estaba. Yo no.
Durante semanas no dejé de imaginar cómo la habría diseñado yo. Hasta que un día desmonté la joya. No porque no me gustara, sino porque necesitaba convertir aquella piedra en algo que sintiera verdaderamente mío.
Hoy la sigo conservando. Aún espera la pieza adecuada. Y, de alguna manera, creo que siempre ha representado quién soy.
Porque nunca me ha bastado con contemplar una joya. Siempre he necesitado entenderla, imaginar cómo fue creada y pensar cómo habría podido darle otra vida.
Esa fascinación me acompaña desde que tengo memoria.
Siempre entraba en las joyerías para detenerme frente a los escaparates. No miraba solo las piedras; observaba las formas, los volúmenes, la manera en la que el metal abrazaba cada gema. Mientras otras personas veían una joya terminada, yo intentaba descubrir todo lo que había detrás de ella.
Con los años comprendí que aquella curiosidad tenía un motivo.
Mi abuela me regaló un medallón familiar del siglo XIX que había pertenecido antes a su abuela. Una joya que había sobrevivido a generaciones y que terminó llegando hasta mis manos.
Cada vez que la observo pienso lo mismo: alguien la creó hace más de cien años sin imaginar quién la sostendría hoy. Y, sin embargo, aquí sigue. Conservando su belleza, su historia y su capacidad para emocionar.
Ese medallón me enseñó que una joya puede ser mucho más que un objeto. Puede convertirse en memoria.
Aunque siempre tuve claro que quería dedicarme a algo relacionado con la joyería, la vida me llevó primero al mundo del diseño gráfico. Con el tiempo entendí que no era un camino tan distinto. En ambos casos se trata de crear, equilibrar proporciones, transmitir emociones y dar forma a una idea.
Cuando decidí lanzar mi marca, otras manos fabricaban mis diseños. Pero pronto descubrí que aquello no era suficiente para mí.
Soy extremadamente perfeccionista. A veces recibía una pieza y encontraba pequeños detalles que no representaban el nivel de calidad que buscaba. No eran grandes errores, pero sí suficientes para hacerme sentir que aquella joya todavía no era exactamente la que había imaginado.
Entonces tomé una decisión que cambió por completo mi camino.
Aprendería el oficio desde la base.
Quería entender cada proceso, dominar cada técnica y ser capaz de controlar personalmente cada etapa de la fabricación. No solo para diseñar joyas, sino para construirlas con mis propias manos.
Recuerdo perfectamente la primera pieza que terminé por completo. No podía dejar de mirarla.
Sentí una mezcla de orgullo, emoción y tranquilidad difícil de explicar. En aquel momento supe que había encontrado el lugar al que pertenecía y que quería dedicar mi vida a este oficio.
Desde entonces cada joya nace en mi taller y pasa por mis manos de principio a fin.
No porque crea que sea la única forma de hacer las cosas, sino porque es la única manera en la que entiendo mi trabajo.
Pongo el mismo cuidado en una pieza de colección que en un diseño completamente personalizado. Escucho, dibujo, fabrico, rectifico cuando es necesario y no doy una joya por terminada hasta sentir que representa exactamente lo que imaginé al empezar.
Creo profundamente que una joya no debería comprarse para una temporada.
Debería acompañarte durante décadas.
Debería emocionarte cada vez que abras su caja.
Debería hablar de ti sin necesidad de palabras.
Y, con un poco de suerte, algún día pasar a las manos de alguien que continúe escribiendo su historia.
Ese es el verdadero propósito de Gaby Flórez Joyas.
No crear joyas para hoy.
Crear joyas que merezcan ser heredadas.
Si has llegado hasta aquí, probablemente tú también creas que las mejores joyas son aquellas que tienen una historia detrás.